lunes, 22 de julio de 2013

#libros #ingeniería | Víctor Martínez Segovia, ingeniero



Víctor Martínez Segovia, ingeniero / Víctor Martínez Segovia "et alt" ; textos introductorios a los capítulos, José Manuel Fernández Carballada y María Teresa Martínez Lapuerta ; edición al cuidado de Manuel Blanco y Roberto Turégano
Tf., Alcobendas, Madrid : 2013
177 p. il. col. y n., gráf., planos
ISBN 9788415253839
Biblioteca Sbc Aprendizaje A-624 MARTINEZ SEGOVIA VIC

Víctor Martínez Segovia ha sido el gran ingeniero de construcción español de su generación, el modelo del profesional capaz de proyectar, calcular y construir cualquier estructura con soluciones elegantes, optimizadas hasta el máximo, de hacer fácil lo casi imposible, de colaborar con los más grandes creadores contribuyendo a hacer posible sus sueños construyéndolos.

Formado en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid, la más antigua y prestigiosa de España integrada ahora en la UPM, Martínez Segovia fue el primero de su promoción. Su carrera y su obra definen el perfil del profesional liberal en estas últimas décadas.

“Víctor Martínez Segovia, Ingeniero” es un testimonio de la pasión y la vocación por la ingeniería. Un libro que sigue paso a paso su trabajo, siempre de la mano del ingeniero José Manuel Fernández Carballada, a través de los testigos del trabajo de su firma, Martínez Segovia, Fernández, Pallás y Asociados, referente en la construcción de las grandes estructuras para la industria, y que ha trabajado en todos los campos de un ingeniero generalista, desde el territorial y urbano a las estructuras de puentes y viaductos, ha colaborado con algunos de los más importantes arquitectos que han realizado obras de gran escala en nuestro país y ha sabido también crearse un importante nicho en el mercado internacional.

Herzog & de Meuron, Santiago Calatrava, Alberto Campo Baeza con quien comparte el Premio Torroja por su cálculo de las cubiertas de la Caja General de Granada, Manuel Solá-Morales o Joan Busquets, entre muchos otros, contaron con la colaboración de Martínez Segovia en sus obras.

Un libro que es el testimonio de una generación para comprender una concepción ética contemporánea del trabajo de un ingeniero pero que está destinado, ante todo, a ser un modelo para aquellos que han apostado por la ingeniería civil como su campo de trabajo para ayudar a construir nuestro futuro.

Este libro-homenaje a la memoria y la obra de Martínez Segovia ha sido cuidadosamente diseñado por Manuel Blanco y Roberto Turegano y producido e impreso en los talleres de TF Artes Gráficas.

Entrevista a Víctor Martínez Segovia, Director de Martínez Segovia, Fernández, Pallás y Asociados | “La ingeniería en España goza de escaso reconocimiento a nivel retributivo”
Comunicación Empresarial, 2005-03-00

La Oficina Técnica Martínez Segovia, Fernández, Pallás y Asociados ha intervenido en importantes proyectos como la Ciudad de las Ciencias y las Artes de Valencia, en colabora-ción con el arquitecto Santiago Calatrava, el Museo Westerdahl en Santa Cruz de Tenerife, con Herzog y De Meuron, o el nuevo pabellón ferial de Fira de Barcelona, Montjuïc 2, con Joan Busquets.

Desde su fundación, hace 16 años, el estudio ha ido ampliando su campo de actuación. Martínez Segovia Fernández Pallás y Asociados ha conseguido además hacerse un hueco en el panorama internacional y ha realizado proyectos en diferentes países de América, el norte de África y Asia. Por ejemplo actualmente está realizando el proyecto de una fábrica de cemento en México.

 -¿Cuáles son las actividades principales de su estudio y en qué tipo de obras están especializados?

Somos una oficina de proyectos especializada en ingeniería estructural y de construcción.  Dentro de este campo intervenimos en tres tipos de actividades. La mayor es la ingeniería civil para plantas industriales. Nuestros clientes principales están dentro del sector de industria pesada: cementeras, azucareras, harineras y siderúrgicas. El otro sector de actividad son las estructuras para obra pública, fundamentalmente puentes. Nuestros clientes son tanto la administración pública como grandes constructoras. Y, por último, diseñamos estructuras para edificios singulares, en colaboración con importantes arquitectos.

 -¿Cómo resultó su colaboración con el arquitecto Santiago Calatrava en el proyecto del Hemisfèric-Planetario de Valencia?
Nosotros llevamos 10 años colaborando con Santiago Calatrava, y el primer proyecto en el cual intervinimos fue precisamente lo que iba a ser la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. Desarrollamos para él los proyectos constructivos del Hemisfèric, el museo Príncipe Felipe y una torre de comunicaciones que finalmente se substituyó por el Palacio de la Ópera. Es una colaboración difícil, ya que son proyectos complicados donde hay grandes conflictos en su desarrollo, pero la relación a nivel profesional es excelente. Con Santiago Calatrava realizamos también el informe sobre la estabilidad de la cubierta del Estadio Olímpico de Atenas.

 -¿Qué opina de la arquitectura y la ingeniería que se hace actualmente en nuestro país?
Creo que en España hay muy buenos arquitectos e ingenieros, pero hay un problema muy importante: el escaso reconocimiento del que goza la profesión a nivel retributivo. Los valores de mercado hacen casi imposible realizar proyectos de calidad. Por eso muchos de nosotros optamos por salir al extranjero. 


«El día después»
En memoria de Víctor Martinez Segovia, Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos
José Luis Gómez Ordóñez | Ingeniero de Caminos Canales y Puertos. Universidad de Granada
Revista de Obras Públicas, n. 3.532 (2012-05-00)

Escribo este testimonio de homenaje a VMS desde un sentimiento de que es cumplir un deber, por parte de quienes le hemos conocido, como un ingeniero de Caminos ejemplar y, aún más, como un hombre y un intelectual  íntegro, dejar constancia de cuán valiosa ha sido su contribución a dar un sentido a la vida, que es en definitiva la tarea de los hombres de bien. Su desaparición física, como la semilla que se entierra en el surco, debe servir para que los valores que ha representado y que ha incrementado, con su vida y su trabajo, germinen y se multipliquen.

Víctor sonreiría socarrón si nos oyese dedicar elogios a su persona, como hace muy pocos meses, con ocasión de un encuentro en Amsterdam, al presentarle a unos amigos arquitectos como el mejor ingeniero español del último medio siglo, me interrumpiese,… Así que, Pepe, ¿sólo del último medio siglo?

Fue un estudiante y compañero ejemplar y tenía una curiosidad intelectual y unas inquietudes que encontraban siempre tiempo en su quehacer responsable; viajó a estudiar a Europa cuando muy pocos lo hacían y cuando salió de las aulas de la vieja escuela del Retiro en 1968, se había construido a sí mismo como un hombre comprometido con su tiempo.

Después de unos pocos años de experiencia profesional, decidió montar su propia oficina de ingeniería; eran años en los que las empresas constructoras pagaban muy bien a sus jóvenes ingenieros pero VMS entendía el oficio de ingeniero desde una mayor independencia y creatividad personal, desde una indisociable dimensión proyectual y constructiva que el taylorismo de la empresa no permitía, él necesitaba desarrollar su profesión en un ambiente en el que las relaciones humanas tuviesen una mayor hondura que en el marco de la gran empresa.

Su excepcional nivel universitario tuvo continuidad inmediata en su ejecutoria profesional, en la que resolvía los problemas de proyecto y construcción con la misma brillantez que en las aulas, pero con una mayor creatividad y gusto por la complejidad en su concepción; porque ahora sus invenciones, plenas de acierto, se aplicaban a problemas abiertos, se encajaban en lugares concretos –viajaba mucho y conocía muy bien y amaba el territorio y las ciudades de España y de otros países del mundo–, y eran compartidas con personas de todos los niveles del oficio que apreciaban su talento y su cercanía afectiva. En un sector económico como el de la construcción, de enormes condicionantes económicos y, por tanto, muy resistente a adoptar soluciones guiadas por criterios de funcionalidad, sencillez y estética, VMS fue un ingeniero de principios y fundamentos éticos profundos.

Mi trabajo en la Universidad, en el campo del Urbanismo, –un quehacer que para los ingenieros no es otra cosa que el correcto emplazamiento de la obra pública y su entendimiento solidario con el medio en que se implanta–, me unió más a él, en la misma medida en que me separaba del ejercicio habitual de la ingeniería. En nuestras frecuentes conversaciones y con ocasión de las diversas colaboraciones técnicas que me regaló, disfrutábamos de nuestro común compromiso, el suyo con la ingeniería, el mío con la formación integral de los ingenieros, atravesando con gusto nuestros respectivos territorios. Por mi parte, necesitaba del diálogo con la tarea profesional de excelencia, que él encarnaba, para orientar mi contacto diario con los jóvenes estudiantes de ingeniería de C.C. y P. Y cuando en 1997 impulsé un número monográfico de la Revista de Obras Públicas dedicado a la enseñanza de la ingeniería, el número 3364, le pedí a Víctor –junto a Jiménez Salas, González Tascón, Copeiro y Millanes– que expusiese sus ideas al respecto, desde su perspectiva. Su artículo, “El día después “, razonaba sobre el tránsito de las aulas al ejercicio profesional y hoy tiene plena vigencia y se lee como un prodigio de sensatez y equilibrio; en él destacaba la necesidad de prestar atención, en el periodo de formación, al tiempo de sedimentación sosegada y mesurada de los conocimientos adquiridos, la pertinencia de la época universitaria para la maduración de la personalidad y la responsabilidad de la Universidad en formar personas, la preocupación por el divorcio teoría-práctica, el rechazo de la escisión entre proyecto y construcción, (el elogio que hacía de la práctica constructiva, de la experiencia acumulada en la evolución incrementalista, gradual, de la técnica, significaba el respeto que sentía hacia los artesanos y los diferentes oficios implicados en la construcción), proponía la obligación de conocer, por parte de los estudiantes y de sus profesores ,“los trabajos profesionales recientes y actuales, con los nombres de sus autores“, como compromiso con el oficio y con su tiempo….

Eso pensaba VMS y así trabajaba. Podríamos citar consultores más famosos pero no más sabios y comprometidos con su tiempo y con los lugares que reclamaban su atención; encontraríamos proyectos y obras más espectaculares pero no más sensatos  y honrados; era tan conocedor de las novísimas técnicas como respetuoso con el oficio heredado.

El día después de su marcha, nuestra responsabilidad es seguir adelante, aún sin su tutela y afecto incesantes, cuidando y transmitiendo el legado que nos deja, cuidando la siembra que hizo. La ingeniería que lleva su nombre seguirá, sin duda alguna, bajo la dirección del compañero de tantos años, José Manuel Fernández Carballada, impartiendo lecciones de ética y buen hacer. Una ingeniería que es una gran familia de personas estupendas, en la que ya se han integrado sus hijos, los ingenieros de Caminos Mariate Martinez Lapuerta y Alberto Gil, que garantizan la permanencia y la renovación del compromiso que fundó nuestro admirado VMS. Los que te sobrevivimos, amigo Víctor, rodearemos de afecto a Amalia y explicaremos, enseñando tu trabajo, como se ejerce ejemplarmente esta profesión a la que has dignificado.

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