Arquitectura española del exilio / Juan José Martín Frechilla, Carlos
Sambricio (eds.)
Lampreave, Madrid : 2014
381 p. : il.
ISBN 9788461708239
Arquitectura -- Siglo XX -- América latina.
Arquitectos -- España.
Sbc Aprendizaje A-72.036(8) ARQ
http://millennium.ehu.es/record=b1806528~S1*spi
Pertenecemos, quienes concebimos esta reflexión sobre lo que fue la
arquitectura del exilio, a una generación para quien la simple mención a los
arquitectos que en 1939 marcharon fuera del país era guiño de complicidad, al
margen de que supiéramos poco o nada de su trabajo profesional. Utilizamos,
reconocemos, el nombre de quienes optaron por el exilio e identificamos
compromiso político con pertenencia a la vanguardia arquitectónica, a una vanguardia
que – en la España franquista – se quiso erradicar y condenar al olvido. Porque
al auspiciar aquel Régimen una torpe arquitectura historicista y anatemizar lo
que poco antes fuera expresión de racionalidad, entendimos que quienes se
vieron obligados a abandonar la tierra de sus padres habían sido los impulsores
de una arquitectura moderna que reclamábamos.
Poco a poco entendimos, rompiendo con la inercia existente, la
necesidad de afrontar el estudio del exilio arquitectónico de modo paralelo a
cómo se empezaba a estudiar la arquitectura del primer tercio del siglo: dicho
de otro modo, cualquier estudio sobre la arquitectura concebida y construida en
España durante la primera mitad del siglo debía complementarse con el análisis
de aquella otra arquitectura española desarrollada por quienes marcharon al
exilio.
Estudiar qué fue el exilio arquitectónico no significa enumerar
proyectos sino entender las complejidades y contradicciones vividas por quienes
partieron, considerando tanto las diferencias políticas en los distintos países
de arribada como – durante el tiempo que duró su exilio – los cambios de
política que se dieron en los mismos, así como las diferentes coyunturas
políticas y económicas por las que pasaron.
Cierto que las circunstancias de la “emigración arquitectónica” fueron
distintas de la vivida por literatos, historiadores, físicos, químicos,
biólogos, ingenieros, artistas, filósofos, pedagogos o periodistas, por lo que
quizás convenga afrontar los motivos que les llevaron al exilio, qué supuso su
ausencia en el país de origen, qué aportaron a la nueva patria y, por último,
cómo asumieron la cultura que entonces se presentaba ante ellos, haciéndola (o
no) suya.
Los muros del exilio
Un nuevo estudio reconstruye la trayectoria por Latinoamérica y Europa de los
49 arquitectos españoles que, con desigual fortuna, abandonaron el país tras la
guerra
Andrea Aguilar | El País, 2014-12-19
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/12/19/actualidad/1419017180_565020.html
En 1937, Luis Lacasa (Ribadesella, 1899-Moscú, 1966), uno de los arquitectos
más brillantes del primer tercio del siglo XX en España, había recibido por
parte de la República el encargo del pabellón de París, que albergaría el
Guernica de Picasso. Trabajó como arquitecto jefe junto a José Luis Sert, y con
Antonio Bonet como asistente. Pero desde su salida, al final de la guerra, a
pie por los Pirineos, hasta su muerte, Lacasa nunca más volvió a construir, y
tampoco logró publicar estudio alguno. "Tuve en contra al talmudista de
Trapiesnikov, profesor rojo que se formó en una escuela marxista, pero que de
urbanismo no tenía la menor noción. Venía a ser una especie de comisario
político del Instituto de Urbanismo, lleno de recetas y de citas del Bigotes
[Stalin], pero vacío de sensibilidad artística, de cultura general y de conocimientos
de la especialidad. En el sentido de hacer una disertación o publicar un libro,
mis años de permanencia en la Academia de Arquitectura han sido tirados por la
ventana...”, escribió en Moscú.
Este amargo y estéril exilio de Lacasa nada tuvo que ver con la exitosa carrera
de su compañero Sert en Estados Unidos, ni con la fuerza modernizadora que
Antonio Bonet impulsó a través del grupo Austral en Argentina. Y sin embargo,
apenas unas páginas separan tan dispares trayectorias en Arquitectura española
del exilio (Lampreave, 2014).
Si Arturo Saénz de la Calzada —arquitecto que colaboró con Lorca en La Barraca
y con Buñuel en México— fue fundamental en la difusión del trabajo de los
exiliados, y más adelante la exposición Arquitecturas desplazadas en Madrid en
2008 rindió homenaje a su obra, este nuevo trabajo trata de reflexionar,
conocer y presentar las contradicciones de estas historias. El nuevo volumen
—coordinado por el profesor de la Universidad Central de Venezuela, Juan José
Martín Frechilla y el catedrático de la Escuela Técnica Superior de
Arquitectura de Madrid, Carlos Sambricio— analiza la memoria fragmentada y
dispersa de los 49 arquitectos que abandonaron España tras la guerra civil, y
se instalaron en Cuba, México, Chile, Argentina, Colombia, Estados Unidos,
Rusia y Polonia. Un último capítulo está dedicado al exilio interior, que
padecieron quienes no marcharon tras la aprobación de las Normas de Depuración
de los arquitectos en julio de 1939, y la consiguiente revocación de sus títulos.
Entre los 140 arquitectos depurados figuraba Fernando Chueca Goitia, que perdió
su licencia durante una década, o Secundino Zuazo, autor de la Casa de las
Flores de Madrid, que fue forzado a instalarse en Canarias. "El exilio fue
una castración para todos", afirmó Sambricio en la presentación del libro
en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Su trabajo —como coordinador y autor
de varios de los ensayos reunidos en esta obra— trata de romper, por un lado,
con el aura mítica que durante la dictadura rodeaba a los arquitectos exiliados
a ojos de los jóvenes universitarios; y por otro, con el olvido y la falta de
información que ha rodeado la trayectoria de muchos de los que se fueron.
"La simple mención a los arquitectos que en 1939 marcharon fuera del país
era un guiño de complicidad, al margen de que supiéramos poco o nada de su
trabajo profesional", recuerda en la introducción. Pero la realidad del
exilio fue mucho más compleja de lo que imaginaban en la España franquista
aquellos jóvenes progresistas, que identificaban de forma casi automática el
compromiso político con pertenencia a la vanguardia arquitectónica.
El nuevo libro —un trabajo coral de investigación en el que participan nueve
autores— reconstruye el contexto social y arquitectónico propio de cada uno de
los países en los que desembarcaron los exiliados, y al mismo tiempo ofrece
información sobre qué habían hecho los exiliados hasta el momento de su
partida.
Los primeros años del siglo XX abrieron dos importantes debates arquitectónicos:
por un lado, cómo replantear la gobernabilidad y gestión de las ciudades, que
crecían de forma imparable; y por otro, cómo abordar la construcción de
vivienda social. En España la bonanza económica de la que disfrutaron los
industriales —consecuencia de la neutralidad de la primera guerra mundial—
resultó en un encarecimiento de los materiales y desembocó en una
desornamentación arquitectónica, en línea con la postura estética que avanzaba
en el resto de Europa, aunque desde un punto de partida distinto. "Por un
lado se apuesta por normalizar lo vernáculo, por prestar atención a la cultura
popular; por otro lado, se aborda el debate del espacio mínimo de
vivienda", explica Sambricio en su casa de Madrid.
La acción y el debate en España estaban casi totalmente concentrados en las
escuelas de arquitectura de Madrid y Barcelona. El advenimiento de la
República, sostiene Sambricio, aunque impulsó obras de calidad, no acabó de
cuajar en una gran actuación en temas de vivienda social. Y sin embargo, ahí está
la construcción de las cerca de 25.000 escuelas que desde el Gobierno impulsó
uno de los arquitectos que más adelante se exilió, Bernardo Giner de los Ríos.
Los planteamientos de vanguardia propuestos por Le Corbusier —que pronunció una
conferencia en la Residencia de Estudiantes en 1928— calaron en el grupo
GATEPAC de Barcelona, del que formaban parte Sert y Bonet, entre otros, pero no
acababan de encajar con la realidad de aquel momento que reclamaba soluciones
urgentes, y en la que estaban concentrados algunos de los arquitectos que más
adelante se exiliaron, como Lacasa o Bergamín.
Cuando estalló el conflicto arquitectos e ingenieros ayudaron a diseñar
trincheras, como Enrique Segarra, Otilio Botella y Félix Candela. Este último
firma los puentes del Ebro, definitivos para las tropas de Líster en la
batalla. "En el exilio muchos se diluyen, se desligan de la arquitectura
social que estaba siendo impulsada en los países de acogida. Después de haber
dado un do de pecho tan monstruoso parece que han perdido la fuerza",
apuntó Sambricio.
La adaptación fue en la mayor parte de los casos complicada, más aún cuando a
pesar del énfasis en la integración que preconizaban gente como José Moreno
Villa, muchos de los exiliados imaginaban que su estancia fuera de España sería
algo temporal. Así, gran parte de las trayectorias profesionales de los
exiliados están marcadas por mudanzas y regresos. Ejercer como arquitecto
implicaba contar con la confianza de clientes y administraciones. Tal y como
advertía Arturo Sáenz de la Calzada: "Un edificio —a diferencia de un
libro, un cuadro, una melodía o un poema— no puede salvar tiempo y distancias
para quedar adscrito, más tarde o más temprano, a la cultura original, sino que
permanece vinculado, de por vida, al suelo que lo sustenta y pertenece a la
historia del pueblo que lo posee".
DOCUMENTACIÓN
Arquitectura española del exilio
Carlos Sambricio | Vitruvius, 2014-04-00
http://www.vitruvius.com.br/revistas/read/resenhasonline/13.148/5127