sábado, 16 de noviembre de 2013

#tesis #upvehu #arquitectura | Luis Peña Ganchegui : el arquitecto como lugar


Luis Peña Ganchegui : el arquitecto como lugar / Mario Sangalli Uggeri ; director, Alberto Ustarroz Calatayud
[s.n.], [S.l.] : 2013
371 p. : il.
Tesis, Univ. País Vasco, Depart. de Arquitectura

Peña Ganchegui, Luis, 1926-2009.
Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea -- Tesis y disertacionesacadémicas.
Arquitectura -- Siglo XX -- País Vasco.
Biblioteca Sbc Investigación T-AR-SANGALLI
http://millennium.ehu.es/record=b1782841~S1*spi

“Maestro del lugar”, “Cuando la arquitectura quiere ser paisaje”, “Proyectación siempre sensible al lugar”, “Arquitectura como Paisaje”, … si existe un aspecto de la obra de Luis Peña Ganchegui que haya sido unánimemente celebrado, ese es sin duda la relación de su obra con el paisaje, su adecuación al lugar.

El mejor ejemplo de este dominio, la “Plaza del Tenis” (Donostia, 1975), supone una muestra indiscutible de la maestría de Peña a la hora de interpretar la vocación del “lugar”, y su habilidad para d8isponer los medios que la hagan posible, empleando los recursos precisos que permitan su adecuada formalización. Alabado como uno de los mejores ejemplos de simbiosis paisajística entre naturaleza y artificio, la grandeza (sublime, mística) de este espacio público, nos lleva a cuestionarnos cuál fue el bagaje que permitió a este arquitecto mutrikuarra, nacido en Oñati y formado en Madrid, abordar su trazado con semejante destreza, y en qué medida el resultado es casual, hasta qué punto atribuirle s referencia externas, o fruto en definitiva de su propia trayectoria. Según indica Iñaki Abalos en el artículo “Genius Materiae”, “Lo curioso de su propuesta es que, cuando nadie aquí estaba interesado por estos temas, él parecía dominarlos como si formasen parte de su ADN”. Ante esta observación cabe cuestionarse: ¿Cuándo y cómo adquiere esa capacidad? ¿Qué permite a Peña anticiparse a tantos otros?

Abalos, en su artículo, sugiere que “una de las razones de su brillante contemporaneidad estriba en que Peña no se quedó en emular a los románticos sino que avanzó unos pasos más, influido directa o indirectamente por el materialismo existencialista de su amigo Eduardo Chillida, pero también distanciado de él por su pragmatismo y sentido común, capaces de desarmar cualquier discurso elevado con media sonrisa socarrona”. Ese distanciamiento pragmático, del que hacía gala el propio Peña rechazando siempre que tuvo ocasión el calificativo de “artista”, es puesto en duda por Iñaki Galarraga, que recuerda “cómo se emocionaba con una puesta de sol, cómo vivía el mundo de la ola, el mundo del mar, el viento, … el más amplio de los sentidos para leer la naturaleza. Luis era un personaje que quería creerse a sí mismo enormemente racional, pero simultáneamente era pleno sentimiento”.

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